MI POSTPARTO

by - enero 30, 2018


Hoy llega por fin esta última entrega. Últimamente no se oye más que "lo que no te cuentan de la maternidad" pues yo opino que poco se habla y se cuenta del postparto que va mucho más allá de esa conocida cuarentena, como si mágicamente en 40 días fueses a volver a ser la que eras...


Pero comencemos por el principio.
Por si no lo recordáis, di a luz el 11 de Junio del pasado año. Tuve un parto muy bueno con un par de puntos causados por un pequeño desgarre pero cuya recuperación física iba a ser buena y más rápida que en otros casos. Al ser un parto natural permanecí 48 horas en el hospital por lo que el Martes 13 poco después de la una de la tarde salíamos por la puerta del hospital para vivir la aventura de ser familia de tres.

Tengo que ser sincera, Claudia ha sido básicamente comer y dormir. Eso sí, era como un reloj que cada 3 horas clavadas se despertaba y yo reconozco que eso es una suerte (aunque no me gusta mucho decirlo así porque me suena como a lotería pero espero que entendáis lo que quiero decir) y que todo depende de cada madre, de cada bebé y de las circunstancias de cada uno.

Esa primera semana yo me sentía como en una nube, me quedaba horas mirándola, sonreía como una tonta, lloraba de felicidad. Las hormonas me estaban alterando de una manera emotiva y sensible pero desde un lado positivo. Por lo que emocional y psicológicamente me encontraba feliz.
En cuanto a la parte física la leche me había subido dos días después de llegar a casa por lo que sentía los pechos duros, doloridos e incómodos. Me habían salido grietas ya que Claudia nació con el frenillo corto por lo que ya sabía que iba a costar que se enganchase correctamente y le costaba más engancharse al pezón izquierdo por lo que más daño me hacía.

Los puntos que me habían dado dolían y escocían un poco, se juntaba la incomodidad del sangrado, (al tener anemia) sentía que no tenía fuerzas, mi cuerpo estaba cansado, dormía a trompicones...
Que nadie te engañe no duermes 3 horas seguidas.
Las 3 horas empiezan a contar al inicio de la toma, Claudia se tiraba casi una hora mamando porque se dormía, había que despertarla, entre cambio de pañal y demás me quedaba hora y media para la siguiente toma. Así que después de la toma de las 6 de la mañana era incapaz de volver a dormirme y no volvía para la cama, me distraía haciendo cosas por casa (gran error pero ya hablaré sobre ello).

Vamos que esa primera semana fue lo normal, lo que sabes que te vas a encontrar, lo que escuchas en las clases de preparación al parto. Pero justo una semana después, el domingo 18 de Junio (y lo recuerdo perfectamente porque es mi cumpleaños) algo dentro de mí se rompió.
Recuerdo que ya desde por la mañana me levanté triste, a diferencia de los otros días me notaba de bajón, un poco agobiada y pensaba que tal vez era por cumplir años...
Esa misma tarde después de darle la toma a Claudia, que estaba dormida en mi cama, la miré y en ese momento empecé a llorar de una forma desbordante de tristeza, era algo que no podía controlar, sentía la necesidad de llorar de forma desesperada, no era capaz a controlarlo, ni de calmarme. No conseguía parar de llorar y lloré hasta dormirme del cansancio.

Intenté no darle importancia, pensar que había sido algo aislado pero la realidad es que desde entonces cada semana al menos una o dos veces he llorado de esa forma durante 6 meses.
Más o menos durante los 4 primeros meses fui capaz de ocultárselo a mi pareja, cuando sentía aquella opresión en el pecho de necesidad de llorar intentaba aguantar y con cualquier excusa me iba a otra habitación o me encerraba en el baño.
Sentía vergüenza de que me pasara eso, porque no entendía por qué me pasaba, por qué me sentía así cuando debía sentir felicidad. Yo nunca he sido una persona de llorar mucho por lo que me machacaba más con el pensamiento de "yo no soy así" "yo no lloro por nada".
Tenía muchos cambios de humor, él los notaba, me preguntaba qué me pasaba y yo siempre respondía que nada. Intentaba siempre esquivar el tema por miedo a terminar llorando y él se quedaba con preocupación de no saber qué hacer ni decir porque no sabía qué pasaba a pesar de saber que algo pasaba y con dudas.

Una tarde exploté delante de él, lloré a mares y durante los primeros minutos fui incapaz de hablar. No me salían las palabras, así que me abrazó mientras seguía llorando. Cuando conseguí calmarme se lo conté, le conté que me llevaba pasando desde mi cumpleaños, que no había semana que no me pasase, no sabía la razón pero yo me sentía mal, me sentía débil, sentía que no valía para nada, que no hacía todo lo que estaba en mi mano por hacer, que todo lo hacía mal, que no entendía por qué me sentía triste cuando no tenía razones para ello.

Él intento animarme, intentó hacerme recordar que las hormonas nos juegan malas pasadas, me dijo que no sintiera vergüenza de sentirme así y que si necesitaba llorar no tenía que esconderme sino que se lo dijera y él estaría a mi lado apoyándome. Fue el momento en el que me di cuenta que no iba a poder conseguirlo sola, que iba a necesitar hablar con alguien que hubiese pasado por ello o alguien que pudiese entender mi situación.

Por un lado hablé con una amiga que es psicóloga (Psicología Bargados, os dejo aquí el link a su página web). Me dijo que podría ser provocado por el baile de hormonas que se produce cuando estamos dando el pecho, que me diese un par de meses más antes de pensar que podría ser depresión. Que lo vigilase y si se prolongaba más en el tiempo lo consultase con mi médico.
También me dijo (conociendome como me conoce) que aprendiese a delegar, que no quisiese organizar, controlar y hacerlo todo yo sola. Ahí dió en el clavo.

Siempre he sido muy organizada y siempre me ha gustado hacerlo yo. Creo que uno de mis errores fue no darme tiempo a recuperarme, cuando llegué a casa del hospital no me dediqué ni un sólo día a estar tranquila, a descansar... Me dediqué a limpiar, a dejar la casa a punto porque eran días de visita, siempre encontraba cosas que hacer de tareas del hogar, no era capaz a dejar algo descolocado, a pasar un día sin limpiar o en pijama y ese fue mi gran error porque tal y como os hablé más arriba sentía mucho cansancio por la anemia, apenas tenía fuerzas por lo que todas esas tareas me llevaban el doble de tiempo, yo me desesperaba y más me empeñaba en querer hacerlas.
Recuerdo que mi madre me llamaba por teléfono y me decía "tienes que darte tiempo de recuperación, aunque hayas tenido un buen parto ha sido un parto, tu cuerpo tiene que recuperarse".

Por otro lado, gracias a Instagram, encontré una gran comunidad de mamás que me han ayudado mucho. Preocupándose por mí, apoyándome, dándome consejos las que han pasado por ello y que coincidían en lo mismo que mi amiga, podría ser causado por la lactancia pero que si se prolongase mucho más consultase una posible depresión. Quiero desde aquí mencionar en especial a Mamá Todo El Rato (link a su blog) por su gran ayuda.

Considero que no nos preparan en las clases de preparación al parto para gestionar todas las emociones que se desatan debido a las hormonas ni tampoco para la tristeza/depresión postparto, se debería profundizar más porque es algo que pasa más de lo que creemos porque nadie lo cuenta. Por miedo y vergüenza a no sentir la felicidad que debemos sentir lo ocultamos, pocas hablan de ello y las que lo sufren no entienden por qué.

Así que si vas a ser una futura mamá o estás pasando por esto y me estás leyendo, no estas sola, no te sientas avergonzada. Busca una persona que te inspire la confianza para desahogarte, que sepas que te va a escuchar (no hace falta ni siquiera que te diga nada), que no te juzgue: tu pareja, una amiga o incluso un grupo de desconocidas a las que te una la maternidad y que te van a comprender mejor de lo que crees.
Llora si tienes que llorar, date tiempo de descanso y recuperación aunque no duermas simplemente no hacer nada, aprende a delegar (no tenemos que hacerlo todo nosotras, no somos superwoman).

Ignora los comentarios acerca de la recuperación física, que los tendrás. La gente quiere y piensa que físicamente salimos del hospital recuperadas del todo, sin barriga y no se lo piensan dos veces al decirlo. Eso también nos afecta y con las hormonas aún más. Nuestro cuerpo no puede volver a ser el que era en unas semanas cuando ha estado nueve meses cambiando.
Escucha a tu cuerpo, que es sabio y no a tu cabeza que te dirá al salir del hospital ¿cuándo podremos hacer deporte? ¡venga a bajar los kilos que has ganado! ideas que se verán reforzadas por los comentarios recibidos en muchos casos por gente que ni siquiera te conoce de verdad.
Haz caso a tu instinto.

Supongo que nunca sabré al 100% si lo mío ha sido la revolución de hormonas por la lactancia o la tristeza/depresión postparto. Aunque a día de hoy me encuentro muchísimo mejor, llevo dos meses que apenas he llorado quería y necesitaba compartir esto.
Porque no siento vergüenza de reconocerlo, porque nadie habla de ello y es necesario. Esta ha sido mi experiencia en el postparto.

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